Mil grullas – Yasunari Kawabata

Esta obra está escrita 14 años después de la obra que le consagró como escritor, y que es, para algunos, su obra maestra: País de Nieve (Yukiguni). Aquí ya encontramos a un Kawabata maduro, con un estilo muy definido y personal y a la vez cercano. La naturaleza ya es definitivamente predominante para él: a través de ella debemos leer a los personajes. Las vidas de estos se cruzan, chocan y producen cambios irremediables para ellos y entre ellos. En Mil grullas están todos los elementos recurrentes en la obra del autor.

Las novelas de Kawabata pueden no ser de fácil digestión para quien no esté familiarizado con él y con la literatura japonesa. Su simbología y descripción de las situaciones nos puede resultar ajena y extraña. Para entenderlo bien es necesario saber que para el autor la naturaleza habla por sus personajes: las emociones están representadas fuera de los mismos en esta, su segunda etapa como escritor. Y además debemos conocer sus referentes: James Joyce, Marcel Proust y Virginia Woolf, nada menos, autores que pese a su occidentalidad no son fáciles para todo el mundo. Además, para comprender las obras de Kawabta debemos comprenderlo a él: irremediablemente solitario desde su infancia, marcado por una temprana orfandad, insomne y lector voraz. Es, por tanto, un autor muy complejo y sus obras están llenas de sutiles matices. Por ello debemos estar muy atentos cuando leemos sus obras que invitan una y otra vez a la relectura.

Para comenzar con este autor Mil grullas es una obra perfecta, dado que nos encontramos con un Kawabata con un material simbólico más sencillo y explícito que otras de sus obras, y por tanto resulta más asequible para quien no conozca al autor, para sumergirse por primera vez en su mundo. De todas formas esta es, igualmente, una obra intensa, poética y sobrecojedora. Nada que no nos ofrezca en sus otras obras, todas de gran intensidad vital. La diferencia es que Mil grullas está dotada de más sencillez.

Las vidas de los personajes transcurren de forma rápida y encadenada, como en efecto dominó. La pasión y el amor aparecen muy intensos, rasgando vidas, tatuándolas con un sello indestructible e inolvidable. Nada de lo que sucede es en vano aunque qué sucede es algo que muchas veces no nos desvela Kawabata, simplemente nos ofrece un rastro a seguir.

Las mujeres, esa gran obsesión de Kawabata, aparecen aquí como en toda su obra en forma de seres misteriosos, dotados de un gran mundo interior inaccesible para Kikuji, el protagonista. Se acerca a sus emociones pero no llega a comprenderlas, se acerca a sus vidas pero no llega a descubrir sus misterios. Sin embargo, aquí, con la relación circular que se establece entre todas las mujeres aparecen choques con resultados tempestuosos: Chikako, Fumiko, Ota, Inamura… Odio, amor, pasión y anhelo se conjugan entre ellas y Kikuji se encuentra en el centro de una enorme ciclón. Pero debe tomar determinaciones.

En esta novela aparece la ceremonia del té como lazo entre los personajes. La ceremonia aparece explícita e implícitamente. Es el manto en el que transcurre todo, pase lo que pase la ceremonia o alguno de sus elementos se transparenta dentro del torrente de emociones, manifestándose constantemente. De todas formas no hace falta ser un experto para comprender los significados alrededor de la ceremonia: Kawabata nos acerca a ellos de manera sutil y magistral.

En definitiva es un libro de lectura obligatoria para todos y recomendada para no iniciados en el maestro Kawabata.

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